4 acciones que te ayudarán a neutralizar a quienes te quieren cortar la cabeza.

El envidioso no quiere lo que tú tienes,

lo que quiere es que tú lo pierdas.


Recuerdo que de niño me encantaba por sobre todas las cosas, nadar. Al punto que soñaba con ir a las olimpiadas.

Una vez un verano participé en una competencia entre clubes. Parte de mi familia vino a verme, entre ellos una tía y dos de sus hijos: una prima y un primo. Ambos menores que yo.

La primera competencia eran 100m espalda. Como quien dice, me la llevé de calle. La segunda eran 100m mariposa. Por supuesto que yo quería los dos oros, aunque en ese momento se veía complicado, había otros dos niños tan buenos como yo. Me sentía nervioso, pero no era imposible. Había entrenado y estaba preparado.

Como siempre que estoy en situaciones similares, me abstraje. Es como si estuviera sólo en el mundo. No veía nada, ni a nadie. Estaba en uno de los carriles del medio, parado al borde de la plataforma de salida y sólo escuchaba mi respiración. De repente se escucha la señal de salida, salto y ¡splash!

Minuto y medio o dos después, ya había tocado la pared y aunque cerrado, sabía que había ganado. Así que con el mismo impulso con el que venía, di un eufórico brinco lleno de energía que casi me saca de la alberca por la emoción. Me sentía feliz por supuesto. Mi sonrisa no entraba en mi rostro. En seguida voltee a ver a mi entrenadora y familia. Aplaudían, estaban contentos por mí. Excepto mi primo menor, quien me miraba con cierta sorna y desinterés. Al verlo, mi rostro se apagó. Pensé en que, quizás yo estaba exagerando por nada, que realmente esos oros no tenían mucha importancia, ya que al final de cuentas no era la gran competición. En ese momento no me di cuenta que lo que mi primo realmente sentía era envidia y celos por que no era él, el que ganaba en esa oportunidad. Tampoco me di cuenta que con su actitud desestimaba mi esfuerzo y mi éxito. Lo que evidentemente no me hacía sentir bien, incluso me hacía sentir avergonzado y hasta desear no haber ganado.

Cuántas veces no he visto o vivido situaciones similares en mi vida o en la de otras personas. En las que en diferentes ámbitos (laborales, familiares, personales, académicos, deportivos y hasta en el mundo del yoga) estos exitos son mal vistos, rechazados o incluso castigados con el fin de mantener una uniformidad y evitar que otros con ciertos talentos o habilidades sobresalgan. Lo que por supuesto lleva a aprender bien la lección: “no es bueno destacar”, “Si me distingo de los demás, van a tenerme envidia y/o no me van a querer”.

Por alguna razón cuando alguien saca la cabeza, la masa (amigos, compañeros, jefes, familia) frustrada o con un  bajo nivel de autoestima comienza, “en el mejor de los casos” a tirarle pa´bajo, cuando no, a tratar de cortarle la testa.

Lógicamente uno podría decir; ¿qué importa lo que los demás piensen? El problema está en cuando por ser aceptados, por esquivar un mal trato, evitar sentirnos aislados o cualquier otra situación que nos haga sentir mal, actuamos en contra de nosotros mismos. ¿Cómo? Deseando no lograr lo que queremos en nuestras vidas o podemos lograr y/o dejando de hacer las cosas que nos acercan a nuestro crecimiento y a ser felices.

Sí, hay personas que cortan las cabezas o los pies a los que sobresalen, a esto se le llama Síndrome de Procusto.

La clave está en no dejarte tirar pa´bajo. Por ejemplo, he tenido consultantes que cuando comenzamos a trabajar juntos, se dan cuenta que alguien les enseñó de pequeño(a)s que figurar en el trabajo o en la sociedad era malo y les acarrearía problemas. Así que aprendieron tan bien la lección que decidieron más tarde no crecer laboralmente. Rechazaron buenas oportunidades o hicieron lo contrario de lo que necesitaban hacer para lograr lo que querían. Decretaron que “ganar es negativo” y por supuesto que así vivieron hasta que tomaron consciencia de ello y comenzamos a trabajar en cambiar esas creencias y hábitos.

Ya sé que no es fácil, pero tampoco es imposible. A continuación te presento algunos puntos que te ayudarán a convertirte en el héroe de tu propia vida, como Teseo.

Lo primero que debes hacer es tomar conciencia. Qué sucede en ti cuando al sacar la cabeza, la sociedad intenta cortarla. ¿Cómo te hace sentir? ¿Qué haces cuando eso sucede? ¿Reaccionas, cómo? Intenta no resistirte y actúa de forma creativa.

Lo segundo, saber qué quieres. Te has preguntado recientemente, ¿qué quieres para ti, para tu vida? ¿Si quieres seguir haciendo lo que estás haciendo, estando donde estás y con quién estás? ¿Eso te motiva y te hace feliz? Si la respuesta es sí ¡FELICIDADES! síguelo haciendo. Si no, sigue leyendo.

Tercero, decidir si quieres estar en relaciones, empresas o equipos que contribuyan a tú crecimiento o por el contrario te tiren pa´bajo. Por suerte vivimos en un inmenso mundo lleno de oportunidades, entonces ¿por qué empeñarte en mantenerte al lado de esa persona que cuando vas a sacar lo mejor de ti, te corta los pies o la cabeza? ¿Por qué continuar trabajando en ese lugar o jugando con ese equipo que te ofrece “cobijo” e incita a dormirte en los laureles para luego atarte y amordazarte sólo para no dejarte crecer y tener control sobre ti? Hay muchas personas, instituciones y grupos. Seguro hay al menos una que valore tus habilidades y talentos. Al menos una que te empuje a continuar andando y seguir creciendo. Si por la razón que sea (comodidad, cercanía, familia, tiempo…) decides quedarte en el lugar donde estás, cuestiónate qué puedes hacer para que el quedarte donde estás, no se vuelva algo que te haga sufrir.

Cuarto, determinar un curso de acción. Lleva a cabo acciones que te conduzcan a modificar esas pautas. Pregúntate cada día, ¿qué puedes hacer? por muy pequeña que sea esa acción, que te acerque a lograr lo que quieres en tu vida, por ende a romper con los patrones que te hacen actuar en oposición de lo que aspiras. Claro está, según lo que quieras lograr, serán las acciones que lleves a cabo. Por ejemplo, si lo que quieres es estar menos ansiosa(o), más tranquila(o), pregúntate: ¿qué acción puedo hacer que me acerque a estarlo? acaso será ¿aprender a hacer ejercicios de relajación o meditar? quizás ¿buscar ayuda de un profesional? (y no me refiero a alguien que te recete ansiolíticos porque no estarías atacando el problema de raíz, aunque eres libre de hacerlo), ¿hacer ejercicio? ¿dedicar tiempo a la lectura? ¿salir a dar un paseo al parque? Estoy seguro que para lo que deseas hay muchas opciones, sólo elige una y tomate el tiempo de practicarla.

Con o sin miedo, no lo pienses y ¡HAZLO!

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