Los pulmones y su relación con el padre.

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Hace un par de meses Lupita me habló contándome que su hija de tres años estaba enferma de los pulmones, llevaba varios días así y ya no quería darle más medicamentos. Me preguntó si podía ayudarla. Le di cita lo antes posible y cuando llegaron al consultorio, en efecto a la pequeña le costaba mucho respirar, estaba muy agitada y no paraba de toser. Estaba fastidiada y cansada al no poder respirar bien ni recargar su energía.

La acosté en la camilla, le pregunté cómo se sentía y qué le dolía. Le dije que no se preocupara que iba a estar bien, que era hora de descansar y tomar una siesta. Acto seguido entrevisté a la madre, que me puso al tanto de la vida de su hija. Mes a mes la niña se enfermaba de los pulmones desde hacía tiempo. Le expliqué que de acuerdo a la Medicina Tradicional China los pulmones están relacionados con el padre, y le pregunté cómo era la relación de la pequeña con su papá. Me contó que hace algún tiempo habían decidido separarse y desde entonces la nena no lo veía tanto como deseaba.

La exploré y en efecto tenía bronquios y garganta inflamados, además del sistema auto-inmune colapsado. Le di tratamiento y en minutos para sorpresa de la madre, la chiquilla a la que instantes atrás le costaba respirar, ya lo hacía con mayor facilidad. Continué el tratamiento y al terminar se fueron a casa tranquilas y sintiéndose mejor. Obviamente mini Lupe siguió un par de días con un poco de tos, mientras terminaba de sacar todo lo que necesitaba sacar.

Al mes siguiente recibí una nueva llamada de Lupita. Mini Lupe había vuelto a caer enferma de los bronquios y viendo el resultado anterior, no quería darle la bomba de medicamentos (antibióticos, entre otras cosas) que solían darle. –No es que esté mal darle antibióticos, pero ¿de verdad los necesita siempre?– Un día después, al llegar al consultorio pregunté; ¿desde cuándo está así y que ha pasado recientemente en la vida de mini Lupe?

Me dijo que un par de semanas atrás había tenido una discusión con su ex-marido y desde entonces la niña no lo había visto y sin más había comenzado a toser. Evidentemente para mí, se había abierto una puerta para que cualquier bicho entrara sin preguntar y eso fue lo que sucedió, se enfrió y ¡zas! comenzó nuevamente el problema.

Junto con la información que había recaudado el mes anterior, había que identificar el por qué cada vez que la niña sentía la ausencia del papá, se enfermaba de los pulmones.

Este fue el resultado.

Cuando el papá estaba presente, este se mostraba preocupado por ella, le daba su atención y cariño: Mini Lupe estaba tranquila y no se enfermaba. Cuando no; sentía un nudo en la garganta que no la dejaba hablar y expresar lo que sentía, lo que se convertía automáticamente en tos y abría las puertas para que el cuadro infeccioso reapareciera. Se sentía muy triste y enojada con la madre por la ausencia del padre, lo suficiente como para no querer protegerse a sí misma de cualquier amenaza externa (en este caso un virus) y así llamar la atención del papá, para que volviera y mostrara su amor.

Patrones de pensamientos a transformar.

La traté, esta vez para cambiar el patrón energético de pensamiento que la hacía anhelar una y otra vez estar enferma para que el papá regresara y estuviera con ella. No está mal que mini Lupe deseara estar con su papá, sin embargo tenía que aprender a lidiar con su ausencia y que las cosas no siempre son como se desean y no por ello enfermar cada vez que no se consiguen.

Por otro lado, tanto la madre como el padre tenían que aprender a manejar  la situación. Dejarle claro a mini Lupe, que el hecho de que ellos no estén juntos, no significa que la quieran menos o que vayan a desaparecer de su vida. Tendrían que hablar con ella, explicarle y mantenerse presentes para darle lo que necesita y ayudarla a crecer con bases firmes, con confianza y amor.

Ahora, meses después; si el padre por trabajo o por cualquier otro motivo no ha estado físicamente presente, mini Lupe no ha enfermado como solía hacerlo por ese motivo. Su relación con sus padres ha mejorado, así como también la de ellos –los padres–, quienes a pesar de continuar separados, ahora buscan el beneficio de todo el grupo familiar.

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Seguramente, después de leer lo anterior tengas algunas preguntas. Quizás te cuestiones sobre lo que le está pasando a tu hija o a tu hijo, a tu pareja, a tu padre o madre. Tal vez te preguntes; ¿por qué me está pasando a mi? ¿Por qué caigo una y otra vez en los mismos patrones que me generan estrés, ansiedad, dolor y/o enfermedad?

Si es así, por favor; no dudes en contactarme para que agendemos una primera cita.

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